*Texto de enero, importado de blog anterior.
aaaaaaaa
Desde hace un año me convertí en mujer. Sí, un poco tarde, lo sé, pero no en ese sentido: empecé a usar cartera todos los días. Yo era una de esas chicas felices que muy cada tanto se ponía una cartera: para ir a una fiesta, comer afuera y no mucho más. Me conformaba con los bolsillos del jean; plata y llaves en los bolsillos delanteros (el grande y el chico de la derecha) y el bolsillo trasero derecho para el celu. En esa vida feliz también hubo carteras, pero todas ellas vivían felices y nuevas en mi placard. Una negra chiquitita para cosas serias y otra color "suela" redondita y muy linda, todas de cuero y de una marca todavía de moda que hacían que mi cuñada me preguntara por qué no usaba cartera, "sos rara" me decía. Entonces llegaron a mi cotidianidad las carteras, un poco sin quererlo pero para quedarse. Entonces compre más, y llegó mi gran cartera azul que sirve como bolso para el fin de semana. Entonces la recargué y ahora no puedo sacar nada porque todo es considerado de máxima necesidad. Entonces la chica con la gran cartera azul visita Disco como todas las semanas y al salir llena de bolsas suena la alarma. Entonces ella y su gran bolso vuelven a entrar, muestran el ticket y el Sr. Seguridad le pide que vuelva a pasar para confirmar que la alarma la señala a ella. Efectivamente era por ella, entonces viene la temida frase: "Te tengo que revisar" y siempre tratando de ser amable el Sr. agrega: "Es por cuestiones de seguridad". Ahí me quedé tranquila porque no era que la gente de Disco creyera que yo era una chorra, sino que lo hacían por seguridad, que alivio. Entonces, al volver a entrar, primero me dice que debe ser porque llevo jamón crudo y yo le digo que llevo jamón pero que esta vez es cocido, entonces prueba con mi gran cartera azul y yo le digo que llevo golosinas pero que no las compre acá mientras le muestro un paquete de Rocklets todo rozado y después otro de Yummi en las mismas condiciones. Nada de eso, entonces vamos de nuevo y me pregunta si llevo dentífrico, obvio que le digo que si y saco mi estuche, aunque antes le muestro que también llevo toallitas, en un paquete semi vacío. Probamos con el estuche con el dentífrico y no. Vamos de nuevo con la cartera y la poca vergüenza que me quedaba. Entonces el muchacho que ya conocía toda mi intimidad ve la luz y me dice: "¿llevas un libro?", obvio que llevo uno pero Uds. NO venden libros. Entonces lo saco con dificultad, él lo mira en la solapa y me dice que no le sacaron la alarma, yo en vano le aclaro que es un regalo y lo pasamos por la alarma para darnos cuenta que el único producto que había en mi cartera que ellos no vendían era el culpable. Coincidimos en sacarle la etiqueta para evitarme nuevos incidentes y salí entre victoriosa y avergonzada porque confirme que era una falsa alarma pero también había expuesto mi intimidad y no había nada lindo para mostrar.
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