Soy una nena grande cuando me doy cuenta que no soy tan grande ni la tengo tan clara. Somos dos pendejos cuando nos llamamos para contarnos los errores de principiantes que cometemos en el trabajo.
Él se fue a las Plumas Verdes sin saber lo que estaba diciendo cuando lo escribió para la presentación. Fue una de esas cosas que sólo nos suceden a los pendejos que nos creemos mil y encima con una capacidad estética sublime. A él le dijeron que la locación quedaba en Guernica o Las Plumas Verdes y él asumió que quedaba mejor identificarla por el nombre del Country, que por el nombre de la localidad, y todos los que vieron la presentación lo asumieron como lo que no era. Las Plumas Verdes no era un country ni humorada sino una confusión de quien realmente no había entendido el chiste que derivó en confusión.
A la que escribe también las circunstancias le demostraron que en algunos aspectos sigue siendo Junior. Metió la pata porque sus jefes nunca le informaron de algo que no debía hacer y en algún momento sintió que todavía le faltaba crecer un poco.
Me gusta eso de él y de mí juntos, de nosotros, esa manera de crecer juntos que lo hace tan interesante. De ser jóvenes y querer llevarnos el mundo laboral por delante, de creernos que todo lo sabemos y de que somos capaces de eso y mucho más.
Porque después de todo cuando uno es pendejo cree que cometió los errores más graves del mundo y los otros, los mayores, son los que nos muestran que son sólo nimiedades de las que ya se olvidaron...
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