Siguiendo con la misma incertidumbre del martes, la semana se mantuvo con altibajos y decisiones definitivas que se esfumaron con un llamado telefónico en colaboración con un mail. Es que, como dije anteriormente, cuando dejo de intentarlo vienen los acercamientos del oponente.
El problema, que en otras circunstancias no sería tal, es que el adversario realiza acercamientos tímidos, entre tibios y fríos y ahí se genera la eterna duda: ¿para qué seguir intentando en soledad?.
Me contesto y me contestan que no tiene sentido, que cuando me hacía bien la compañía era una cosa pero que ahora las alegrías son como los goles de boca que nunca le alcanzan para ganar. Yo soy de Boca y me gusta ganar, de hecho soy de boca por eso mismo y ahora no tolero que un muchacho de independiente me genere esto. Ese mismo muchacho que hasta hace poco era "mi muchas cosas" y ahora es descripto como el adversario.
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